Con La estrella viva
El sol se sienta en las sienes de su oro,
va a ponerse y aún no habiendo montes
para tenderse ante si desnudos, ni orillas de mar
que reflejen su pesar, la amiga de su luz es fría.
Fría como la piel mojada que se para
y no vuela, como la sangre que va de junco
en junco comulgando con los que ya se aman
en las ganas de su espera.
Gran espera, honda, siniestra, sin rostro.
La que se lanza a la par y no flota.
Sabedlo, el amor es sólo lo que vive.
Dorada y tranquila se cierne la noche,
menciono sus párpados
porque ya tiemblan,
sueñan con ella.
Con La estrella viva.
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